Apr
10
AAmantes, a vosotros, satisfechos el uno con el otro,
os pregunto por nosotros. Os captáis. ¿Tenéis pruebas?
Ved, me ocurre que mis manos se compenetren
una de otra o que mi consumida
cara se refugie en ellas. Esto me da un poco
de sensación. Pero, ¿quién se atrevería por eso ya a ser?
Pero a vosotros, que os crecéis en el entusiasmo
del otro, hasta que abrumado, suplica
“¡Basta ya!”; a vosotros, que bajo las manos
os hacéis más abundantes, como vendimias;
que a veces dejáis de ser, sólo porque el otro
predomina totalmente: os pregunto por nosotros. Ya sé
que os tocáis tan dichosos porque la caricia persiste,
porque no desaparece el lugar que, tiernos,
cubrís; porque debajo presentís la pura
duración. Así, cada eternidad os prometéis
del abrazo. Y sin embargo, cuando resistís el susto
de las primeras miradas y la añoranza en la ventana,
entonces, amantes, ¿seguís siéndolo? Cuando uno al otro
os eleváis a la boca a beber…: bebida por bebida:
¡oh, qué extrañamente se evade entonces de su acto bebedor! Segunda elegía, “Elegías de Duino”, Rainer Maria Rilke
os pregunto por nosotros. Os captáis. ¿Tenéis pruebas?
Ved, me ocurre que mis manos se compenetren
una de otra o que mi consumida
cara se refugie en ellas. Esto me da un poco
de sensación. Pero, ¿quién se atrevería por eso ya a ser?
Pero a vosotros, que os crecéis en el entusiasmo
del otro, hasta que abrumado, suplica
“¡Basta ya!”; a vosotros, que bajo las manos
os hacéis más abundantes, como vendimias;
que a veces dejáis de ser, sólo porque el otro
predomina totalmente: os pregunto por nosotros. Ya sé
que os tocáis tan dichosos porque la caricia persiste,
porque no desaparece el lugar que, tiernos,
cubrís; porque debajo presentís la pura
duración. Así, cada eternidad os prometéis
del abrazo. Y sin embargo, cuando resistís el susto
de las primeras miradas y la añoranza en la ventana,
entonces, amantes, ¿seguís siéndolo? Cuando uno al otro
os eleváis a la boca a beber…: bebida por bebida:
¡oh, qué extrañamente se evade entonces de su acto bebedor! Segunda elegía, “Elegías de Duino”, Rainer Maria Rilke